Cómo superar la inconformidad política de la base social

Cómo superar la inconformidad política de la base social

Por: Marcio Sierra

La transición a la gobernanza democrática pasa por un proceso de superación de la inconformidad de la base social nada fácil, porque amplios sectores de la ciudadanía, perciben que las instituciones aún no demuestran con efectividad la satisfacción de sus necesidades, sus esperanzas o ilusiones colectivas. Y, más cuando, existen opositores socialistas atizando el descontento, desde trincheras encubiertas, a través de las redes sociales para lograr aumentarlo. El origen de este malestar tiene que ver, por una parte, con el inadecuado manejo de la transmisión de información a través de los medios masivos y, por otra parte, en la existencia objetiva de factores estructurales como el desempleo, la desigualdad, la lentitud en el manejo dejado de los procesos de gestión pública, dada la alta burocratización en que se encuentran, la insistente inseguridad y la ausencia de oportunidades para demostrar una movilidad social real. El gobierno democrático actual, tiene que producir resultados tangibles en la vida cotidiana de los ciudadanos para demostrar la efectividad de la democracia, de lo contrario, los socialistas aprovechan tal debilidad, generando rechazo, apatía, polarización y desconfianza hacia el gobierno nacionalista que, hoy por hoy, ha logrado integrar al Partido Liberal en su proceso gubernativo.

Se requiere reconstruir la credibilidad del sistema democrático mediante acciones concretas y visibles. Hacer notar el fortalecimiento de la institucionalidad, garantizando la transparencia en la administración de los recursos públicos, de forma tal, que la ciudadanía perciba la aplicación de las leyes con igualdad y que los recursos del Estado están siendo manejados con responsabilidad. Visibilizar la lucha contra la corrupción de manera permanente al fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas. Igualmente, se hace indispensable potenciar políticas económicas y sociales orientadas a reducir la pobreza, a aumentar la generación de empleo y la ampliación del acceso a una educación de alta calidad, a un sistema de salud eficiente y fortalecido y a una seguridad preventiva más que opresiva. La democracia no se puede sostener solo a base de acciones electoreras. El gobierno democrático actual, tiene la obligación de demostrar resultados que dignifiquen la vida de las mayorías. En este sentido, aplicar la soberbia y depreciar la participación ciudadana es un error político que se debe corregir ampliando los espacios de dialogo social, en los que jóvenes, mujeres, empresarios, trabajadores y comunidades influyan en las decisiones nacionales. La gobernanza nacionalista y liberal tiene que vencer la inconformidad, recuperar la confianza entre Estado y sociedad, evitando la confrontación permanente y promoviendo consensos nacionales alrededor de objetivos comunes. La ciudadanía hondureña, merece que sus demandas sean escuchadas y satisfechas, instaurando un rumbo institucional capaz de disminuir la frustración social y fortalecer la estabilidad democrática. No se logra consolidar una democracia ignorando el malestar de las bases sociales. Hay que escucharla, corregir y edificar oportunidades reales como pilares de transformación para transformar la inconformidad en participación activa y la esperanza colectiva en motivo de cambio.  Estamos a tiempo de tomar el camino correcto hacia una sociedad democrática digna que eleva la calidad de vida de los hondureños con firmeza y efectividad.

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