Hondureñas entre el atraso y el desarrollo

Hondureñas entre el atraso y el desarrollo

Por: Marcio Sierra

La mayoría de las mujeres hondureñas desde tiempos pretéritos transitan entre profundas contradicciones sociales y reflejan una realidad femenina de atraso cultural heredado por décadas de décadas, pero manteniendo una lucha constante y legitima para alcanzar un desarrollo humanos más justo e inclusivo. No obstante, que representan una fuerza decisiva en la economía nacional, la mayor parte de ellas, enfrentan un desarrollo educativo sumamente bajo, en condiciones familiares extremadamente pobres y activando en política de manera sumisa y servil. Realmente, sobreviven la exclusión, la violencia, limitadas oportunidades de desarrollo integral y una movilidad social entre dos extremos: del atraso heredado por siglos a una pretensión justa por alcanzar el desarrollo humano inclusivo.

Las mujeres en Honduras constituyen el 53% de la población y cerca del 38.5% de los hogares son dirigidos por una mujer, lo que denota el papel central que desempeñan en la sostenibilidad económica del país. Muchas sostienen sus familias emprendiendo pequeños trabajos informales o empleos de baja remuneración. Su participación laboral ronda el 43%, lo que evidencia la gran brecha de acceso al empleo formal y a las oportunidades de acenso económico. El atraso social que tienen se manifiesta principalmente en las zonas rurales y en sectores marginados urbanos, donde miles de ellas viven en pobreza multidimensional, lo que implican tener bajos ingresos, serias limitaciones educativas, de salud, acceso a tecnología, viviendas indignas y servicios básicos escasos. Según informes recientes, más del 60% de las mujeres hondureñas son pobres y viven en una situación que se agrava debido a la informalidad laboral y la sobrecarga del trabajo doméstico no remunerado. Y, a esto se le suma, la violencia de género, que persiste como una de las heridas más dolorosas que existe en nuestra sociedad. Los femicidios, la violencia doméstica, el abuso sexual y la impunidad afectan gravemente a miles de mujeres y niñas. Asimismo, en muchos casos, el miedo, la debilidad institucional y la falta de protección efectiva impiden el acceso a la justicia. O sea, que la violencia no solo destruye vidas; también limita el desarrollo económico, psicológico y social de generaciones enteras de mujeres hondureñas (Diario el Heraldo).

Sin embargo, algo hemos avanzado progresivamente en el sector de la mujer hondureña, en los espacios que históricamente han sido restringidos. Cada vez más las mujeres acceden a la educación superior, participan en la administración pública, lideran empresas, impulsan organizaciones sociales y desempeñan roles relevantes en la vida política y profesional del país. En varios sectores como la educación, el comercio y los servicios, la presencia femenina es un pilar fundamental para el funcionamiento económico nacional (INE Honduras. Estadísticas oficiales). Por lo tanto, el desarrollo de Honduras depende en mucho de la capacidad que tengamos en la sociedad para reducir las desigualdades que afectan a las mujeres. No podemos pretender un desarrollo progresivo sostenido, mientras más de la mitad de nuestra población, continúe enfrentando restricciones organizativas o limitaciones sociales y culturales para alcanzar bienestar y dignidad.

Hay que invertir en educación femenina, salud, empleo digno, seguridad ciudadana y accesos a oportunidades que no forman parte de la agenda de género, pues no hace falta una estrategia indispensable para el desarrollo de ellas al nivel nacional. En consecuencia, el futuro de Honduras demanda construir una sociedad en donde las mujeres, no tengan que elegir entre sobrevivir o desarrollarse plenamente. Necesitamos romper los ciclos históricos de exclusión y reconocer que el verdadero progreso nacional solo será posible cuando las hondureñas puedan ejercer plenamente los derechos, las capacidades y las libertades.

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