Parece que en la Casa Presidencial han descubierto finalmente la cura para los males históricos de Honduras: no es la inversión en hospitales, ni un plan de seguridad serio, ni mucho menos la generación de empleos. La solución mágica, según la administración de Nasry Asfura, es un pase de gol entre influencers y una buena dosis de filtros de Instagram.
Bajo la máxima de que “el pueblo quiere circo (porque el pan está muy caro)”, el mandatario ha decidido que la prioridad nacional del 2026 es asegurar que el tiktoker “Supremo” tenga el Estadio Nacional a su disposición. Porque claro, ¿quién necesita medicinas en el Hospital Escuela cuando tenemos un partido entre creadores de contenido de Honduras y Perú?
El pasado 26 de abril, mientras el ciudadano promedio calculaba cómo estirar el salario mínimo para pagar la canasta básica, el Presidente se dedicaba a lo verdaderamente urgente: una videollamada con una estrella de las redes sociales. En un despliegue de “estadismo digital”, Asfura defendió la iniciativa argumentando que busca que “la gente disfrute y se sienta bien”.
Esta apuesta por la política en modo “trend” busca captar la atención de un sector joven, pero lo hace a través de la frivolidad y el espectáculo. Al validar estos eventos como grandes logros de gestión, el Gobierno de Asfura trivializa la función pública y reduce la presidencia a una herramienta de relaciones públicas para creadores de contenido. La gobernanza no debería medirse en niveles de audiencia ni en “me gusta”, sino en la capacidad de respuesta ante un país que clama por soluciones a problemas que no se resuelven con un partido de fútbol ni con filtros de Instagram
