Derrumbe en el Anillo Periférico: expertos coinciden en una suma de fallas técnicas, naturales y de supervisión

Derrumbe en el Anillo Periférico: expertos coinciden en una suma de fallas técnicas, naturales y de supervisión

El derrumbe ocurrido en las inmediaciones del Anillo Periférico de la capital continúa generando análisis técnicos y cuestionamientos sobre si el hecho pudo evitarse. El tema fue abordado en el programa “Frente a Frente”, donde especialistas de distintas instituciones coincidieron en que no existió una sola causa, sino una combinación de factores acumulados en el tiempo.

El evento, que cobró la vida de dos personas y mantiene a otra desaparecida, ha puesto bajo la lupa la estabilidad de los cortes de talud en zonas urbanas y la capacidad de supervisión de las autoridades competentes.


Debate técnico: múltiples factores detrás del colapso

Durante el análisis, el fiscal del Colegio de Ingenieros Civiles de Honduras, Alejandro Puerto, explicó que este tipo de incidentes no responde a una causa aislada, sino a una cadena de condiciones que se van deteriorando con el tiempo.

“Se trata de la sumatoria de varios factores que, al acumularse, terminan provocando el colapso”, señaló, al indicar que el evento refleja procesos que pudieron ser detectados con estudios geotécnicos más profundos y una intervención preventiva oportuna.

En esa misma línea, expertos coincidieron en que el terreno ya presentaba señales de vulnerabilidad que no siempre son visibles a simple vista, lo que dificulta la detección temprana del riesgo.


El agua y la saturación del suelo, un factor clave

Uno de los elementos más reiterados durante el análisis técnico fue el papel del agua en la inestabilidad del terreno.

Los especialistas explicaron que la saturación del suelo incrementa el peso de la ladera y reduce su capacidad de resistencia, generando condiciones propicias para deslizamientos.

El director del Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra de la UNAH, Manuel Rodríguez, advirtió que estos procesos pueden desarrollarse de forma silenciosa durante años, con fracturas internas que no siempre son detectables sin instrumentación especializada.

Según el análisis, estas condiciones estructurales, combinadas con lluvias y drenajes insuficientes, pueden detonar fallas repentinas en zonas intervenidas.


Taludes, intervención humana y medidas de mitigación

La presidenta del Colegio de Arquitectos de Honduras, Isis Garrido, señaló que la geometría del terreno también juega un papel determinante, especialmente cuando los cortes de talud son demasiado verticales o carecen de estabilización adecuada.

Indicó que la eliminación de soporte natural en laderas incrementa el nivel de riesgo, aunque aclaró que existen soluciones técnicas como drenajes, anclajes y sistemas de contención que pueden reducir significativamente la probabilidad de colapso.

Sin embargo, advirtió que estas medidas deben aplicarse bajo estricta supervisión técnica y con mantenimiento constante.


Supervisión y control urbano bajo la lupa

Desde la Alcaldía Municipal del Distrito Central, el director del sistema de gestión de riesgos, Julio Quiñónez, afirmó que existe normativa vigente para regular construcciones en zonas de riesgo, aunque reconoció que estos reglamentos deben actualizarse para responder a las condiciones actuales de la capital.

Explicó que se trabaja en el fortalecimiento de capacidades técnicas y en la formación de personal encargado de evaluar permisos de construcción en áreas vulnerables.

Asimismo, destacó que la prevención depende en gran medida de la aplicación efectiva de estas normativas y del seguimiento continuo a las obras ya ejecutadas.


Conclusión: una falla múltiple y acumulativa

El consenso entre los expertos es que el derrumbe no puede atribuirse a un solo error. Por el contrario, se trata de una combinación de factores naturales, técnicos y de supervisión que se fueron acumulando con el tiempo.

El análisis general apunta a que el colapso fue el resultado de fallas en el manejo del agua, la geometría del talud, la intervención humana y la falta de monitoreo constante, elementos que en conjunto terminaron provocando la tragedia.

El caso deja nuevamente sobre la mesa la urgencia de reforzar la planificación urbana, la fiscalización de obras y la gestión de riesgos en una capital cada vez más expuesta a eventos de este tipo.

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